Un despertar de un avivamiento

Corría en el año 1999 cuando las profecías de una iglesia impregnaban la ciudad con sus panfletos. La sentencia era concreta, pues en sus volantes rezaba; "Llega el año 2000; y prácticamente estamos a pocos meses de fin del mundo". A la vez las distintas denominaciones evangélicas zonales sacaban a sus predicadores todos los fines de semana a predicar a las polvorientas calles del Barrio Esperanza en la localidad de Virrey del Pino.

Mientras esto parece no inmutar a los transeúntes que caminan despavorida mente de una parte a otra como si nunca fuesen a llegar a ningún lado. Ahí, un Gustavo Ferro perdido y de ambulante por la vida arrastra los estragos de una familia aniquilada y sumergido en drogas y depresión, es despertado en su curiosidad. Tal fue el impacto en medio de aquel escenario que su espíritu inquieto comenzó buscar la forma de relacionarse con el conocimiento de La Biblia.

Pero fueron los motivos equivocados de satisfacer sus razonamientos y los deseos de rebatir a los predicadores que ocasionalmente se le acercan. Los responsables de que ingresara a un seminario interdenominacional; donde más tarde se terminaría graduando junto a su esposa; de bachiller en teología según propósito de Dios. Sin embargo, a pesar de estar de lleno tomando materias y estudios bíblicos, respectivamente. Gustavo Ferro no logra creer en la existencia de Dios. Razón por la cual mantiene un duro rechazo por la iglesia.

El proceso de Dios que nos fortaleció

En esas condiciones se hallaba cuando acepto eventualmente la invitación de asistir a una de las reuniones especiales organizadas por la iglesia donde su padre concurría. Y sin darse cuenta en el transcurso de la reunión fue que experimentó el milagro de la conversión. A los ocho meses de aquel suceso, su esposa Alejandra, tras haber rechazado sus invitaciones a la congregación donde el ya era líder de jóvenes, finalmente se acercaba. Y aquella noche, ocurría otro milagro, ella también recibía al Señor. A la vez que El Espíritu Santo la bautizaba poderosamente.

Mientras esto acontecía, en el corazón de Dios había empezado a gestarse Remanente Santo. Ya pasados un poco más de cuatro años de aquellos días, Dios los honraba con un ministerio pastoral. Ordenado por quien en adelante fuera su pastor y padre espiritual, el obispo Héctor Benegas. Así fue que comenzarían en una escondida esquina en esa castigada Virrey Del pino (Partido de la Matanza) junto a nueve hermanos más, los que conformaban aquel primer Remanente Santo. Aunque en estos orígenes estuvo lejos la idea de llegar a ser una mega iglesia, sin embargo, así es como pronto irrumpiría en el escenario evangélico.

El poder de Dios se manifestó

Sus pastores transgresores para la época e incomprendidos, no se detienen ante las resistencias que naturalmente se presentan siempre cuando algo es revolucionario e innovador. Sino que fieles al llamado de Dios deciden ir al salvaje de una ciudad. Fue así que el primer año de vida ampliaban el salón tres veces mas ante un crecimiento explosivo. A su vez comenzaban una incipiente relación con los medios de comunicación, e iniciaban una intensa actividad evangelística. El Poder de Dios manifestándose en medio de las reuniones con señales, conversiones explosivas, milagros de prosperidad, y multitudes rendidas a los pies de Cristo, hizo que Gustavo y Alejandra Ferro decidieran abandonar el lugar donde reunían en originalmente, para alquilar un lugar mayor.

Allí es donde se congregan actualmente. Y ahí es donde viven experiencias inefables junto al Señor y a cientos de personas cada noche. A pesar de esta historia harto fantástica en relación a lo que Dios ha hecho en pocos años con de Remanente Santo. En este momento los Apóstoles Gustavo y Alejandra Ferro mantienen un duro combate para sostener el alquiler del lugar donde habitualmente se reúnen. Ya que las circunstancias los han llevado a la necesidad de tener que comprar un lugar propio para edificarle un templo al Señor. Esto hace que tengan las expectativas intactas. Tan intactas como cuando se reunían en aquella esquina anhelando salvar a miles. Razón por la cual están pensando que algo glorioso de Dios está a punto de estallar, y que lo que han vivido hasta el día de hoy, ha sido solo un pequeño principio de algo grande.